bariloche

Durmiendo junto al Nahuel Huapi

No soy muy amiga del calor ni del sol abrasador del verano, que te obliga a estar gran parte del día a cubierto. Si bien hay cosas del verano que me gustan, hay otras muchas que no, por lo que se me hace demasiado largo.

De ahí, que con Antonio, cada vez que podemos, nos vamos a zonas un poco más frescas. Este año tocó Bariloche y sus alrededores.

Habíamos estado en la ciudad, pero en invierno y hace más de diez años… Así que aprovechamos para conocer su cara veraniega.

Nos quedamos en varios lugares, fuimos saltando de aquí para allá, según nos parecía. Nuestra primera estadía fue un apart Hotel a cuatro kilómetros del centro. Estaba un poco venido a menos, pero le perdonamos todo por la gran vista del lago que tenía la habitación. Un verdadero deleite.

A la vista se sumaba el placer y la paz que nos daba dormir arrullados por el sonido del agua y un hermoso jardín que llegaba hasta la orilla del lago.

Nuestra habitación quedaba en el cuarto piso y eso nos dejaba muy cerquita de los árboles más altos que además de su belleza intrínseca, tenían esta clase de visitantes que me encantan.

¿Ya dije que me gustan los pájaros? Pues estar a orillas de un cuerpo de agua, en general significa muchos y variados pájaros. Además de los que nos visitaban en las alturas estaban los que gustan de nadar y los que prefieren la orilla para conseguir su alimento. No pude captar a todos, pero ya me extenderé más sobre aves patagónicas en otra entrada.

A decir verdad, no pasamos mucho tiempo en el jardín. Cuando hay tantos lugares que querés ver y conocer, se hace difícil tomarse un momento para solo estar en el hotel. De todas maneras, sí que algún ratito estuvimos contemplando nuestra pequeña porción del Nahuel Huapi, más de cerca.

Estábamos sobre la Avenida Bustillo, que bordea el lago en casi toda su extensión y es una de las principales de la zona. Por ella pasan ómnibus que sirven para ir a muchos lugares. Varias paradas estaban intervenidas con hermosos murales…

Este es un barrio más que nada residencial, no hay muchos comercios ni restaurantes, por lo que hay que caminar un poco más para llegar a los lugares, pero esto tiene su recompensa.

El primer día salimos en busca de un lugar cercano para desayunar. No salimos a ciegas, ya tenía divisado un café de especialidad que quería conocer, Café Delirante. No era tan cercano, pero estaba a una distancia razonable. Y vaya si valió la pena el trayecto. Quedé fascinada con la cantidad de árboles y flores que había en las calles y los jardines. Es un paisaje muy diferente al que se ve en el centro de la ciudad.

Nos encontramos con una gran variedad de rosas de hermosos colores. Las encontramos en los jardines, pero también en las veredas.

No solo rosas encontramos en nuestro camino, también había cardos florecidos, amapolas silvestres, verónicas y este árbol que queda tan bonito con sus frutitas anaranjadas. Luego me enteré que se llama serbal del cazador y que es una especie introducida. Al parecer se adaptó muy bien a la zona, porque se ve mucho en las ciudades.

No necesito decir que demoramos más de lo que esperábamos en llegar al café, no podía dejar de asombrarme y sacar fotos de todo. Antonio me tuvo mucha paciencia a pesar de su síndrome de abstinencia cafetera 🙂

Debo una buena foto del café, cuando llegamos, nos concentramos en otra cosa 😉 Igual logré sacar una foto antes de devorar el desayuno…

Desde el ventanal del café, veíamos esto…



Son las «manzanitas» que te llevan a lo alto del Cerro Otto…Pero esa, es otra historia…

2 comentarios

  1. Gabriela Zeballos dice:

    Hermoso lugar, me invadió la paz de esas aguas, me hizo pasar rato mas que agradable y mas que necesario en este momento.
    Gracias!!

    • Ana Cecilia dice:

      ¡Cuánto me alegro!
      Tengo planeado seguir con estas historias de Bariloche.
      Estate atenta 😉

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