cerro otto

Retomando el paseo por Bariloche.

Después de desayunar rico en Café Delirante y ya que sin proponérnoslo estábamos a los pies del Cerro Otto, decidimos seguir por allí nuestro paseo y nos tomamos el teleférico hacia la cima. Dejamos atrás el lago…

…y poniendo rumbo a la cumbre, donde se veía, a lo lejos, la confitería giratoria, uno de los puntos más conocidos de este cerro.

En las «manzanitas», subíamos de a cuatro personas. Nos tocó compartir la nuestra con una señora y su hijo de 7 años que estaban subiendo por primera vez al cerro, a pesar de vivir en Bariloche. Fue el regalo de cumpleaños para el pequeño.

Cuando llegamos, dimos una vueltita por la confitería, pero estaba repleta y no nos llamó mucho la atención. Lo que sí nos cautivó fue la vista. Ese gran panorama de montañas con los lagos a sus pies, las pequeñas islas, las rocas, los árboles y allá a lo lejos, algún pico con nieves eternas. Da una sensación de inmensidad impactante.

Escuché a un niño decir que ese pico nevado, que se ve atrás, es el Cerro Tronador 😉

Tanto nos gustó y estábamos tan entusiasmados, que decidimos bajar a pie. Habíamos visto en el mapa, que hay un camino por el que suben autos y decidimos ir por ahí. El día estaba hermoso e invitaba a la aventura.

Como había mucho sol y no tenía sombrero, me tuve que improvisar un turbante 🙂

El paisaje nos fascinó durante todo el camino, pero no solo la imponencia de las montañas y los lagos…

También disfruté mucho de las flores silvestres, en especial de los cardos, que eran muy abundantes, estaban florecidos y llenos de abejorros.

He aquí un lugar especial para los cardos. Eran muy abundantes y tan fotogénicos, que no me pude resistir. Le sacaba foto a cada uno que veía, siempre tenían algo especial.

También me gustó la acaena argentea, más conocida como cardillo. Aunque era mucho menos abundante.

Anotación: No sé mucho de plantas y flores, las mayoría de estos nombres los he encontrado gracias al google lens, lo recomiendo, aunque no siempre es útil 🙂

Y así, caminando y maravillándonos con la naturaleza, llegamos a el Refugio Berghof, un lugar que queríamos conocer, pero que no estábamos seguros de si estaría abierto.

foto: Antonio 😉

Cuando llegamos nos recibió Heli.

En principio no estaba tan alerta, pero cuando vio que nos quedábamos, nos dio la bienvenida y nos dejó quedarnos en su mesa 🙂

Me puse a escribir. Siempre que puedo y me dan ganas, escribo un ratito cuando estoy de viaje. Es una costumbre que adopté hace un par de años y que ahora no puedo dejar, me encanta y me sirve mucho para tomarme una pausa, procesar y fijar vivencias.

Elijo cuadernos con sobre, para poder guardar papelitos, entradas y cositas que voy encontrando por el camino y luego, cuando llego a casa, lo completo pegando cada cosa en su lugar.

foto: Antonio 😉

En principio, sólo íbamos a descansar y a hidratarnos, disfrutando de la preciosa vista que hay desde la terraza del refugio, pero pronto, comenzaron a llegar algunos excursionistas preguntando por comida y nos tentamos. Ya era la hora de almorzar y nos quedaba un buen trecho de caminata. Además fue una excusa perfecta para quedarnos en ese lugar tan hermoso y que nos producía tanta paz.

Nos quedamos mucho tiempo disfrutando de la compañía de Heli, de la comida, del paisaje y de las historias de Diego, que es quien atiende el refugio y se encarga de todo. No solo de hacer la comida, servirla, lavar, luego, sino también de las visitas a la casa museo de Otto Meilling, que está un poquito más abajo del refugio. Como él es el que hace todo, hay que agendar las visitas al museo con anticipación y nosotros no lo habíamos hecho. De todas maneras decidimos bajar hasta la casa y mirarla desde afuera. Estaba allí nomás, podíamos ver su techo…

En la próxima entrada, te cuento un poco más sobre quién fue Otto Meilling y te muestro lo que descubrimos en su casa.

Antes de terminar, te cuento un par de anécdotas:

De Treinta y Tres a Bariloche, Orejano.

Como dije antes, Diego se encargaba de todo y mientras lavaba los platos en la cocina, lo escuchamos cantar y nos acercamos, porque estaba cantando y recitando nada menos que Orejano, un poema de Serafín J. García. Me emocioné, recordé mi infancia y adolescencia en Treinta y Tres, el Festival de Folclore en el Río Olimar, Los Olimareños cantando Orejano en esos festivales. Fue muy inesperado y muy bello.

La historia de Heli

Heli no se llamaba así cuando llegó al refugio, Diego nos contó que a este nombre, se lo puso él en honor a como ella llegó al refugio. Llegó en helicóptero. Resulta que en la primavera las lauchas estaban causando problemas en distintos refugios, por lo que algunos decidieron llevar gatos. No recuerdo el nombre del refugio al que llevaron a Heli, ni su nombre de entonces, lo que sí recuerdo es que cuando la llevaron, sin transportador, le hizo la vida difícil a la persona encargada de cargarla. Fue por eso, que cuando se hubo acabado el problema de las lauchas en dicho refugio y Diego pidió que se la prestaran a él, nadie la quería transportar. Por alguna razón, había un helicóptero que iba de un refugio al otro y fue esa la solución que encontraron para transportar a Heli de manera segura para todos. Así que Heli bajó del cielo a bordo de un helicóptero y esa es la razón de su nombre actual. Vale decir que a juzgar por lo que vimos, Heli encontró su hogar definitivo en Berghof 🙂

4 comentarios

  1. Gabriela dice:

    Una vez más Vivi a full la aventura gracias a la maravillosa forma en que la relatas. Las fotos están impresionantes!!😍😍 Te lo una reina verdaderamente aunque la foto con ese acompañante grande y peludo me mató de amor y el fondo no podía ser mejor!!👏👏
    GRACIAS!!

    • Ana Cecilia dice:

      Gracias a vos por tantos halagos, me pongo colorada 🙂
      Me encanta que te guste. Aún tengo algunos paseos más por Bariloche.

      Abrazo

  2. Yo dice:

    Coincido…espero que todas esa cosas que vas escribiendo puedan algún día ser un libro, una historia que salte de un lugar a otro en el que estuviste.
    Genial el lugar, esas fotos como siempre te llevan a pasear.
    Ah…toniño toniño…que fotos.
    Una vez más, gracias por compartirlo.

    • Ana Cecilia dice:

      Bueno, qué halago, gracias 🙂
      Veo lejos un libro, pero esta recepción me anima a escribir más.
      Tengo muchas historias 😉

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