florianópolis

Un patio lleno de vida

Una de las cosas que me gusta mucho de viajar, es volver a lugares a los que ya fui y reencontrarme con ellos. A veces es simplemente volver a ver las mismas cosas que tanto me gustaron y notar los cambios que se han dado con el correr del tiempo. Otras, es ir al mismo lugar, a descubrir cosas diferentes, cosas que no vi las veces anteriores.

Hacía mucho que no nos quedábamos unos días en Florianópolis y estábamos extrañando, así que en Semana de Turismo nos decidimos y partimos.

Esta vez nos quedamos en una zona de la isla que nos gusta mucho, la playa de Matadeiro, en una casita inmersa en la naturaleza. Me encantó.

Matadeiro es una playa pequeña, encerrada entre morros a la que se llega únicamente caminando. Hay que cruzar un puente o se puede vadear el arroyo, si la marea está baja, luego hay que hacer un trecho por el morro y seguir caminando por la arena.

Llegar fue toda una aventura, entre el calor y el equipaje, no fue fácil, pero valió el esfuerzo.

Para llegar a la casa, desde la playa, hay que entrar por un camino de arena rodeado de vegetación.

Vista de ida y de vuelta.

El agua está muy cerca y se siente el ruido del océano todo el tiempo. Es bastante atronador por las noches.

La casa era sencilla, de madera y tenía todo lo que podíamos necesitar para estar cómodos, además de pequeños detalles que su dueña, Janice, había dejado por aquí y por allá, como flores y frutas.

Pero la estrella del lugar fue el patio. Un pequeño y acogedor espacio frente a la casa, flanqueado por el nacimiento del morro, una gran roca que nos daba sombra en algunos momentos del día. Al frente, una franja de vegetación espesa que nos separaba de la playa.

Así que nuestro patio era un pequeño espacio de césped rodeado por la gran roca, la casa, un franja de mata atlántica y el camino de arena que nos llevaba a la playa.

Con todo esto, había zonas de sombra casi todo el día, así que pasamos mucho tiempo disfrutando del aire libre. Desayunos, almuerzos, cenas, lecturas, música, charlas y avistamientos (a esto último lo explico luego)

Dos enredaderas entrelazadas formaban un porche vegetal que daba sombra y refrescaba la casa.

Una de ellas, de maracuyá. Aún no había ninguno maduro, pero fue un placer ver colgar los frutos, tan grandes que no entendíamos cómo no se rompían las ramas. La flor, es una de las más bellas.

En ese patio bullía la vida y aunque estuvimos pocos días, pudimos ver su discurrir.

Estas son las mismas orugas. A la izquierda fue la primera vez que las vi, supongo que tenían poco de nacidas. Unos días después, ya eran como la de la derecha y seguían todas juntas; comiendo y creciendo a un ritmo impresionante, al menos para mí.

Algunos otros visitantes a los que pude captar con la cámara. Había muchos más.

Los pájaros son abundantes y muy variados, pero escurridizos para fotografiar. Teníamos unos cables de alta tensión que pasaban por ahí y algunos nos miraban desde ahí y se dejaban.

Y acá explico lo del avistamiento, jeje. Avistamiento de mamífero peludito no identificado.

Fue muy emocionante para mí, he aquí la historia.

Dejamos en el patio, sobre un tronco, una guayaba madura que habíamos recogido en una de nuestras caminatas y nos fuimos para adentro a preparar el almuerzo. En un momento, tenía que ir al patio por algo y al acercarme a la puerta, me di cuenta de que teníamos visitas.

Me quedé inmóvil mirando y aunque se percató de mi presencia se llevó la guayaba a un rincón, alejándose unos pasos para poder comer con mayor tranquilidad. Me encantó que nos visitara y traté de tomar algunas fotos para recordarlo y para averiguar de qué bichito se trataba.

Después de comer, se fue por el pequeño puente que conecta el patio con la franja de vegetación y desapareció.

Munida con la foto, me dispuse a averiguar sobre el visitante, pero las personas que consulté no tenían mucha idea. Por suerte recordé a Maevi, una vieja conocida que vive en Florianópolis y además es bióloga. Ella me dijo que mi visitante es un roedor y que por esos lares se le llama cutia. Es originario de América y está bastante extendido, sobre todo en las zonas de vegetación espesa. Come principalmente frutas y semillas, el fuerte aroma de la guayaba madura, fue irresistible para él.

Tuvimos suerte, porque según me dijeron, son muy tímidos y no es frecuente que se los vea tan cerca de la gente.

4 comentarios

  1. Maga.zer dice:

    Que cosita más linda!! Me gustó tanto la historia que me hiciste poner a Floripa como opción para vacacionar este año. Por este ratito estuve Ahí!!🍊

    • Ana Cecilia dice:

      Qué bueno que te haya gustado y que te hayas sentido así leyéndome.
      Me anima a seguir escribiendo y contando las cosas que encuentro por ahí.
      Si necesitás información sobre Floripa, me podés preguntar.
      Y si querés recibir las entradas del blog así como otras historias y recomendaciones, anotate a mi lista.
      Abrazo, Cecilia.

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