hilo sin fin

Siempre he creído que cuando dos o más mujeres nos juntamos a compartir, se da cierta especie de magia. Una magia que relaja, que te hace sentir como en casa, que alegra, que sana. Es por eso que hace ya un tiempo, tenía ganas de generar una instancia de encuentro entre mujeres y pensé que sería lindo formar un grupo de bordado. Bueno, quien dice bordado, dice crochet, dice tejido o cualquier actividad creativa que se pueda realizar en un lindo lugar, compartiendo un café, alguna cosa rica y por supuesto mucha charla.

Esta vez nos juntamos en La Gambuza, una pastelería súper linda que está en Ciudad Vieja. Natalia, su dueña, nos recibió muy amablemente y nos deleitó con las exquisiteces que hornea ella misma y un café muy bueno. Todo está servido y decorado con mucho cariño y mimo.

nota al margen

No puedo dejar de contarles que Natalia, hace los mejores alfajores que he probado hasta el momento. Aún no sé cual me gusta más, si el de chocolate relleno de crema de limón, o el de chocolate y dulce de leche con escamas de sal. Te recomiendo enfáticamente probarlos…. Pero si sos de esas raras personas que no gustan del chocolate, vas a poder probar otras delicias que seguro no te dejan indiferente 🙂

Pasamos una tarde súper agradable, bordando, charlando y compartiendo. Nos gustó tanto la experiencia, que decidimos seguir reuniéndonos periódicamente.

Hilo sin fin (*), es el nombre de nuestro grupo. Un grupo que está en construcción, al que te podés unir, si tenés ganas de pasar un buen rato y compartir. No importa si no bordás, por ahí tejés, o hacés crochet o alguna otra cosa que se pueda adaptar y compartir en estas reuniones. La idea es que nos podamos ir ayudando, si hay algo que una no sabe y la otra sí, así que no tenés que ser erudita en nada. Lo más importante son las ganas de compartir un buen rato de creación y de charla.

(*)

Este es el libro que inspiró el nombre de nuestro grupo. En él Anabel, una niña que vive en un pueblo gris y tristón, encuentra un cofre que contiene un hilo de lana de colores que no se termina nunca. Con él comienza a tejer, primero para ella, luego para su familia y la gente de su pueblo, sigue con los animales, las casas, los árboles, hasta que el pueblo se convierte en un lugar colorido y alegre. Por el camino se encuentra con un archiduque fanático de la moda que quiere quedarse con la caja… pero para saber qué pasa con él, lo mejor es leer el libro 🙂

Quién pudiera tener una caja mágica como la de Anabel…

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