pomaire, pueblito de alfareros

 

Hace ya unos años que viajamos a Chile. A veces nos quedamos una o dos semanas, es lo más frecuente, pero hemos llegado a estar algunos meses en Santiago. Me han preguntado si no es aburrido viajar siempre al mismo lugar. La verdad es que encuentro particularmente agradable revisitar lugares. La primera vez es siempre emocionante, es todo nuevo, pero regresar a un lugar que te gustó es genial. Porque está esa sensación agradable que da lo familiar,lo conocido, pero hay tantísimas cosas que aún no conozco, tantas cosas que se me quedaron en el tintero o que simplemente han cambiado. Este es el caso de Santiago, siempre mutando, desde que lo conocí por allá por el año 2007.

(Si querés acá podés ver algo de mis andanzas por Santiago)

Pero además de las cosas nuevas que siempre hay en la ciudad, cerca de Santiago hay varios pueblitos y lugares interesantes para conocer. Este es el caso de Pomaire, un pequeño pueblo alfarero que queda a 45 minutos en ómnibus y que me dispuse a visitar en esta ocasión.

Tuve algunos percances para encontrar la terminal correcta, pero al fin llegué y me embarqué con destino Pomaire. Ya en el ómnibus me enteré de que no entraba más al pueblo, me dejó en un cruce desde donde hay que entrar unas diez cuadras para llegar. Como me gusta caminar y más si es en lugares que no conozco, decidí ir caminado y disfrutar del paisaje, en vez de tomarme “la liebre” (así le llaman al microbús que hace recorridos locales.

El paisaje es muy lindo, con algunas plantaciones a los lados del camino y por supuesto la custodia de las montañas a lo lejos.

 

 

A poco de comenzar mi caminata,  me encontré con un pequeño lugar de oración entre las flores.

 

 

 

Y así llegué al pueblo…

 

 

Pomaire es un pueblo muy antiguo. Cuentan que en 1482 un grupo de indígenas se asentó en una zona de tierras fértiles que queda al norte del pueblo actual. En 1583, al parecer, debido al crecimiento de la población, se trasladan a la zona que ocupa hoy el pueblo, donde había material abundante para sus actividades alfareras. El pueblo en sí, fue fundado mucho después, en 1771 y siempre ha sido un pueblo de alfareros.

 

 

Las dos calles principales están llenas de tiendas en las que se ofrece sobre todo objetos de greda o arcilla. Pero si te internás un poco en las calles laterales, ves que la mayoría de las casas tienen al frente un lugar destinado a los objetos de greda que allí venden. Son como casas taller tienda, todo a la vez. Me sorprendió la cantidad de casas dispuestas de esa manera, es decir, la cantidad de habitantes del pueblo que se dedican a la alfarería, es realmente un pueblo de alfareros y están muy orgullosos de ello.

 

 

 

Entre las piezas típicas que realizan están estos simpáticos cerditos que se pueden utilizar como adorno, pero que en realidad son alcancías.

 

 

Lo que a mí más me gusta son los elementos relacionados con la cocina y la comida. Hacen fuentes de diferentes formas y tamaños, pailas, ollas, tazas, azucareros, jarras y hasta mates.

 

 

 

El color natural de la greda es rojizo. Las piezas oscuras son logradas en el horno por medio de la generación de humo a partir de estiércol. Si te fijás, estas piezas tienen algunas manchas rojas, estas se corresponden con los lugares donde se apoyó a otra pieza y por eso el humo no la tiñó.

 

 

Por supuesto, hacen todo tipo de macetas y recipientes para usos variados así como figuras más ornamentales.

 

 

 

Si te fijás con atención, atrás del árbol vas a ver un personaje conocido.

 

 

Todos son emprendimientos familiares. En la familia está el encargado de modelar las piezas, luego el que las pule y después el que se encarga del proceso de cocido en hornos de barro. Algunos pocos también pintan las piezas, pero no es lo más común. Cuando hay mucho trabajo se apela a algún vecino para que ayude.

 

Este vendedor también era de la familia 🙂

 

Pomaire es un pueblo muy pintoresco y por lo que me contaron un lugar muy característico en el que poder conocer las tradiciones de la región central de Chile.

 

 

 

 

 

El día que fui era lunes y el pueblo estaba muy tranquilo, pero esa no es la norma. Al ser un lugar turístico cerca de Santiago, la mayor afluencia de público se da sábado y domingo, esos días el lugar se llena de gente caminando por sus calles principales, comprando cerámicas y comiendo. Una señora me explicaba que para ellos el día de descanso es el lunes, por eso también había muchas tiendas cerradas. Si piensan ir, su recomendación es que vayan un jueves, es un día en que hay un movimiento aceptable de gente y está todo abierto.

Y como pasa en todos los lugares de Chile a los que he ido, aquí la comida ocupa un lugar muy importante, pero sobre eso hablamos la próxima.

Agradezco al blog Cantando Victoria gracias al cual conocí Pomaire. 

 

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