torta de manzanas

Otoño, estación de manzanas, peras, membrillos. Frutas deliciosas que se llevan muy bien con tortas, pastelitos, pastafrolas. Comenzó la temporada y empecé a hacer dulces y tortas.

La receta que voy a compartir hoy, es muy sencilla y es una receta a la que le tengo mucho cariño. Fue unas de mis recetas favoritas en la niñez. Me encantaba esta torta y de a poco, empecé a meter mano cuando mi madre la preparaba, hasta que terminé haciéndola yo.

Para hacer la masa vamos a necesitar:

  • 100 gramos de manteca
  • 2 huevos (si son de gallina feliz, mejor ;))
  • 7 cucharadas de azúcar (puede ser común, rubia o mascabo)
  • 8 cucharadas de harina (puede ser blanca, integral o una mezcla)
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear
  • un chorrito de agua

Para la parte de arriba:

  • azúcar (poco menos de una taza)
  • 6 cucharadas de agua
  • 1 o 2 manzanas, dependiendo del tamaño de las susodichas

más o menos esto…

Comencé por batir el azúcar con los huevos y luego le agregué la manteca, que tiene que estar blandita. Pero también se puede comenzar batiendo el azúcar y la manteca y luego agregar los huevos. En definitiva hay que batir bien la manteca, el azúcar y los huevos. En este caso, utilicé una mezcla de azúcar mascabo y azúcar común.

Después de haber batido bien, vamos agregando poco a poco la harina junto al polvo de hornear y vamos integrando todo muy bien, en este paso, si necesitamos agregar un poquito de agua, lo hacemos. La masa tiene que quedar blandita, pero no líquida.

Ya está lista la masa, ahora hay que preparar la tortera con el caramelo y las manzanas. Esto se puede hacer antes o después, yo en general lo hago antes de preparar la masa, pero depende de las preferencias de cada uno.

Poner el azúcar en una ollita para hacer el azúcar quemada. Se puede poner solo azúcar, en cuyo caso recomiendo ir poniéndola de a poco, revolviendo e ir agregando más azúcar a medida que el azúcar se derrite. Hay que tener cuidado de que no se queme o tomará un sabor amargo. También se puede poner unas pocas cucharadas de agua junto con el azúcar para ayudarla a derretirse más rápido. Si ponemos más agua, el caramelo quedará más líquido y la torta más mojadita. Lo importante es que no queden grumos y que el caramelo no se queme. El color tiene que ser más o menos como el de la miel.

Una vez está listo el caramelo, lo volcamos en la tortera y lo desparramamos por todo el fondo y si podemos un poco por las paredes, esto se hace girando la tortera de manera que el caramelo vaya distribuyéndose por su superficie.

Hay que tener mucho cuidado, las quemaduras por caramelo son muy feas.

Mientras dejamos enfriando el caramelo, pelamos y cortamos la manzana en láminas finas. En este punto se pueden hacer diferentes tipos de cortes y arreglos para presentar la torta como nos guste. Mi estilo en esto es bastante caótico.

A mí en este caso no me dio, pero si te da la manzana, podés poner trocitos alrededor, contra las paredes del recipiente.

Luego de que se enfría el caramelo y ponemos la manzana, se ponen unas cucharadas de agua en la tortera. Si hiciste caramelo duro, en este momento se va a resquebrajar un poco, pero no pasa nada. Si hiciste caramelo más líquido, este paso no es necesario.

Ya solo queda poner la masa en la tortera y al horno precalentado a 180° aproximadamente.

Vale decir que la masa a mi siempre me parece poquita. Esta tortera es de 21cm y queda una capa finita de masa, pero no te preocupes, crece lo justo para que se mezclen perfectamente el sabor de la masa y la manzana caramelizada.

Cuando empiece a quedar doradita arriba, hacemos la prueba del cuchillo. Introducimos un cuchillo en la masa y si sale limpio, la torta está lista, si sale sucio, aún le falta un poquito.

Cuando la sacamos del horno se verá más o menos así… con las marcas del cuchillo y todo 😉

Llegó la hora de desmoldarla. Mucho cuidado en este paso, que se hace en caliente. Ponemos una fuente tapando la tortera, y usando agarraderas la damos vuelta con un movimiento limpio y rápido.

Así nos queda la torta y es muuuy rica.

Esta torta está hecha con el caramelo más líquido, al que le puse un poco de agua mientras lo hacía.

Esta está hecha con el caramelo sin agua en la preparación, el que queda duro en la tortera, por eso esta torta es un poquito menos húmeda, pero igual de rica.

bonus track

Mi madre, cuando hacía el caramelo, dejaba caer un poco sobre la piedra de mármol y luego de que se enfriaban nos lo daba. Eran unos caramelos en forma de medalla que nos encantaban. Se pueden hacer sobre cualquier superficie fría que no se vea afectada por el calor, como mesadas de mármol, granito o acero inoxidable.

Una variante puede ser bañar frutos secos con el azúcar quemada y obtendremos unos caramelos más nutritivos y súper ricos 😉

Si hacemos el caramelo líquido, el que lleva más agua y no se endurece al enfriarse, lo podemos guardar en un frasco de vidrio en la heladera para bañar helados, tortas o lo que queramos.

Esta torta se puede hacer con otras frutas, como duraznos, peras o la que sientan ganas de probar.

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