villa la angostura

Retomando nuestras andanzas de verano, seguimos paseando por la Patagonia Argentina. De Bariloche a Villa La Angostura, de la provincia de Río Negro, a la provincia de Neuquén, pero a unos poquitos kilómetros, unos 80, más o menos.

La ruta es muy pintoresca y se puede admirar el paisaje porque hay que andar lento, no más de 60km por hora. Es una carretera angosta con mucho tránsito y pocas o nulas posibilidades de rebasar otros autos ya que además, tiene muchas curvas.

Nosotros fuimos en un ómnibus de dos pisos, en los primeros asientos, arriba. Un lugar insuperable para disfrutar del paisaje.

La ciudad es pequeña y aunque ya la conocíamos, nunca habíamos ido en verano. Fue sorprendente ver sus calles tan repletas de gente. Debo confesar que no somos muy afectos a las multitudes y eso no nos gustó mucho.

El centro poblado se encuentra en el parque nacional Nahuel Huapi y está rodeado de bosque nativo.

El Puerto sobre el lago del mismo nombre, queda a un par de kilómetros del centro, más o menos y está unido a este por un camino pavimentado que decidimos recorrer a pie. Es un camino rodeado de árboles, con algunas casas por aquí y por allá.

Casi al comienzo nos encontramos con una plaza a orillas de una pequeña laguna, en la que había un mirador de aves y, como no podía ser de otra manera, nos detuvimos a ver qué encontrábamos.

Finalmente, luego de mucho andar y admirar, llegamos al puertito y su muelle, sobre Bahía Mansa, desde donde parten excursiones para ir a visitar el Bosque de Arrayanes y otros paseos por el lago.

Al bosque también se puede llegar por tierra, cruzando la península caminando o en bicicleta, son 12 kilómetros. Quedó para la próxima ocasión la caminata. Conocí el bosque hace muchísimos años, pero llegué por agua.

A pesar de que la zona del puerto es muy popular y por ende, también estaba repleta de gente, la imponencia y la belleza del paisaje son tales, que de a ratos no te das cuenta. Te podés sumergir en lo que ves casi, como si estuvieras sola.

Además del muelle, que es un hermoso mirador, hay pequeñas zonas de playa donde mucha gente tomaba sol y algunos valientes hasta entraban al agua. A pesar de ser enero, el agua estaba helada y sentíamos calor sólo si estábamos un rato al sol.

Nosotros optamos por caminar y explorar los alrededores. La belleza de la naturaleza en este lugar es cautivante, hay pequeños muelles, algunos un poco destartalados pero muy pintorescos…

…troncos caídos y rocas que convertimos en improvisados asientos…

Alguna casa escondida…

Simpáticos personajes locales, como este comesebo patagónico que tuvo la amabilidad de posar para mí un momento.

Y por supuesto, nuevos ángulos para contemplar la majestuosidad de la naturaleza.

foto: Antonio 🙂

Si bien no pensamos ni por un momento en meternos al agua helada, su limpidez nos fue conquistando y sí nos animamos a mojarnos los pies.

2 comentarios

  1. Yo dice:

    Hola! 🙂
    «Impeyonante!»
    Por favor, cuentas tan bien la historia que yo estaba ahí…casi pude sentir el aire y el olor a pata je je je…
    Gracias por compartirlo.
    Una vez más tremendas fotos 🙂

    Yo 😉

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