villa traful

Estando en Villa La Angostura, decidimos alquilar un auto y aventurarnos por la famosa Ruta 40. Queríamos hacer el tramo de los siete lagos.

Este es un tramo de la ruta que va desde La Angostura hasta San Martín de los Andes. Son 100 km con vistas impresionantes. Cada tanto se puede estacionar y admirar los diferentes lagos desde miradores especialmente dispuestos para ello. La ruta es muy sinuosa y con muchas cuestas y no es aconsejable parar en cualquier lado.

Así que luego de algunas peripecias, alquilamos el auto y tomamos la 40…

Pero no llegamos muy lejos, porque por el camino se nos cruzó el desvío hacia Villa Traful.

El trayecto fue toda una aventura. El camino a Traful es de tierra, con muchas curvas y en algunos tramos lo estaban acondicionando, así que teníamos que ir muy despacito. Lo que siempre es una buena oportunidad para disfrutar con más calma del paisaje circundante.

No recuerdo bien cómo nos enteramos de la existencia del lugar, seguramente buscando información por aquí y por allá. Sí recuerdo que había despertado nuestra curiosidad, así que cuando vimos el desvío, nos mandamos.

Villa Traful es un poblado principalmente turístico que se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, aunque desde 1994 tiene independencia del parque para desarrollar su proyecto urbanístico y de turismo. La idea es mantener una población de baja densidad conviviendo lo más amigablemente posible con la naturaleza, un modelo de aldea sustentable que recibe visitantes, pero no de una forma masiva, como otras localidades.

Los primeros pobladores del asentamiento llegaron a fines de 1800 y principios de 1900. Eran principalmente mapuches y algunos norteamericanos que buscaban desarrollar actividades de ganadería aprovechando las tierras y el microclima del valle.

Es así que el nombre Traful, deriva de la palabra mapuche «Travül» , que significa junta o unión y se refería a la unión del río Traful con el Limay.

Hacia 1936 se creó la villa, autorizándose el loteo y venta de terrenos. Más tarde comenzaron a llegar colonos, algunos argentinos, pero muchos alemanes y suizos que vieron el potencial turístico del lugar y de a poco se fue conformando el pueblo que hoy se puede visitar.

Es un lugar pequeño de unos 500 habitantes, emplazado a orillas del lago Traful, que le da nombre. Este es un lago de origen glaciar, como lo son todos o casi todos los de esta región. Antiguamente fueron glaciares que al derretirse, fueron contenidos entre las montañas y generan este microclima particular. Justamente, este microclima fue el que atrajo a los primeros pobladores de la zona.

En el camino hicimos alguna paradita para admirar la naturaleza…

Naturaleza que se puede seguir admirando una vez se llega al pueblo. Las casas miran al lago. Hay una pequeña rambla y un muelle muy pintoresco.

El lago es precioso. Sus aguas cristalinas y heladas, bailan al son del viento sobre su lecho de piedras.

Grandes montañas, muchas coronadas de nieve y cubiertas de tupidos bosques circundan el lago, como protegiéndolo.

En este lugar fue mi primer encuentro con un cauquén o ganso de Magallanes. Me pareció un ave muy hermosa. Por lo que leí, son aves protegidas, en Argentina. Su población ha disminuido mucho debido a la caza y está en una situación vulnerable.

Nosotros no lo sabíamos, pero parece que por la mañana el lago está más tranquilo, es decir, no hay casi viento. Cuando llegamos ya era medio día y había mucho viento y por ende, más frío del que esperábamos. Eso y lo picadito que estaba el lago nos persuadió de hacer uno de los paseos que recomiendan en el lugar, que es la visita al bosque sumergido. Por esta vez nos dedicamos a disfrutar del paisaje desde tierra firme y disfrutar de las delicias del lugar mientras admirábamos el lago.

El bosque sumergido

Creo que la historia de este bosque fue la que nos despertó la curiosidad por Villa Traful, aunque después no fuimos a visitarlo, lo vimos de lejos…

Antonio leyó por ahí que en el lago Traful hay un bosque sumergido y que según una investigación de geólogos argentinos podría producirse un lagomoto.

Nos dio curiosidad. Nunca habíamos oído de la posibilidad de un tsunami lacustre, pero parece que pasa y que según la profundidad del lago, puede ser más grande que uno oceánico.

La historia es esta. El bosque sumergido es un pedazo de montaña que está desprendido, por así decirlo, y que por la fuerza de la gravedad, se ha ido deslizando dentro del lago y con él, el bosque que lo cubría. Sorprendentemente, los árboles siguen en pie, y como se veían arriba del agua, ahora se ven debajo. (Al parecer lo más interesante es bucear entre los árboles sumergidos.)

Cada año la masa que mide aproximadamente 1 km por 2 km, se desplaza unos 36 cm, según el estudio. Esta es una velocidad bastante grande si estamos hablando de procesos geológicos. En los últimos 22 años se estima que el bosque se ha hundido unos 8 m, aproximadamente. Hay árboles que miden 15 m y que ahora se encuentran 2 m bajo el agua.

La gente del lugar relacionaba el fenómeno con el gran terremoto de Valdivia de 1960, que también afectó esta zona, pero según entendí, el origen está en la retirada de los glaciares y en que esta es una zona de fractura y por lo tanto, más inestable.

Por ahora, la velocidad a la que avanza la montaña hacia el lago, a pesar de ser rápida para los tiempos geológicos, se mantiene estable, existe cierto equilibrio de fuerzas.

El problema surgiría si este equilibrio se rompiera y la masa de roca cayera rápidamente. Este sería el caso en el que se generaría el lagomoto y dado que el lago tiene una profundidad de hasta 300 metros en algunos lugares, las consecuencias podrían ser muy graves para el pueblo.

Por todo lo anterior es necesario monitorear el fenómeno y prever un plan de contingencia en caso de que el equilibrio se pierda.

Luego de este lindo paseo y de un rico almuerzo, estábamos listos para volver por el accidentado camino hasta la ruta 40. Como ya era muy tarde, decidimos regresar a Bariloche para retomar al día siguiente nuestra travesía por los miradores y llegar hasta San Martín de los Andes.

Pero esa, es otra historia…

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