upcycling con tintes naturales

Desde que descubrí la posibilidad de estampar telas con elementos botánicos, no pierdo la oportunidad de dar nueva vida a prendas que ya están desmerecidas, a ropa blanca que ha quedado amarillenta o que se ha manchado, o, para ser sincera, a todo lo que voy encontrando y me parece estampable. Sin embargo, hasta hace poco, no había experimentado con tintes naturales.

Una vez me dije que no podía ser tan difícil, ya tenía la mitad del camino recorrido, sabía mordentar *, así que empecé a buscar información sobre tintes naturales y me puse manos a la obra. Procedí sin mucho método y los resultados fueron desparejos. Me desilusioné un poco. En eso estaba cuando vi información sobre los talleres de tintes naturales que ofrece Lucía, de Lanar. Decidí inscribirme.

Recomiendo este taller, me ayudó mucho a organizarme y sistematizar las pruebas y las modificaciones de color. Con ella comencé una bitácora de tintes que voy completando lentamente y que me parece muy útil.

* Mordentado: Es un procedimiento mediante al cual se prepara las fibras naturales para recibir el tinte, que este se fije mejor y tenga mayor durabilidad.

Luego de hacer el taller, con una idea más clara de los procedimientos, me puse a juntar material para hacer mis primeras pruebas. Por el camino me distraje, así que demoré bastante en empezar, pero eso no fue malo, ya que me dio tiempo a juntar suficiente material.

El impulso llegó cuando mi hermano me preguntó si podía renovar unas cortinas de algodón crudo que ya estaban algo desgastadas. Decidí probar con el tinte de cáscara de cebolla, me parecía que los colores resultantes eran adecuados para el hogar al que pertenecían las cortinas.

Cáscaras de cebolla que fui guardando durante algunos meses.

Como regla general, para teñir con cáscaras, hojas y cortezas, hay que utilizar la misma cantidad de material tintóreo en gramos, que de tela. Es decir, si tenés 100gr de tela, necesitarías 100gr de material tintóreo. Por suerte para mí, en el caso de la cáscara de cebolla, se necesita menos, basta con el 40% del peso de la tela.

Esta es una regla general y aproximada. Siempre conviene ir experimentando y consignando los resultados para poder tener una guía en siguientes ocasiones. Además, si ponemos más o menos material tintóreo en proporción a la fibra, vamos a ir obteniendo tonos más fuerte o más claros. De nosotros depende ir variando la fórmula según el tono que estemos buscando o también, por qué no, en función del material del que dispongamos en ese momento. Todo es cuestión de ir experimentando y viendo qué nos gusta más y qué podemos hacer.

Luego de mordentar las telas, me dediqué a preparar el tinte. Para eso puse las cáscaras en agua caliente y las dejé macerando hasta el día siguiente. Después las herví en la misma agua durante una hora y las dejé en la olla un día más. Luego colé el tinte con una tela de trama fina para que no pasara ningún residuo que pudiera manchar la tela. Después de colado, estaba listo para ser utilizado.

Por un lado, tenía mis prendas mordentadas y por el otro, el tinte listo para ser usado, ya solo faltaba mojarlas y luego sumergirlas en el baño tintóreo y ponerlo al fuego por una hora. Conviene que la tela quede holgada en el baño y removerla cada tanto para que se tiña de manera uniforme y no queden lugares más cargados de color que otros. Como siempre, eso también va a depender del resultado que busquemos, si queremos que la tela quede teñida bien uniforme, tendremos más cuidado en ir removiendo para que el pigmento no se acumule más en algunos lugares que en otros.

En mi caso, tenía tres cortinas. Decidí trabajar con cada una por separado, para obtener diferentes colores y efectos ya que no correspondían a la misma habitación. La que teñí primero quedó con un tono más oscuro, fue la que se llevó mayor cantidad de pigmento. Con el pigmento que quedó, teñí la segunda que como pueden ver, quedó un poco más clara, pero con un hermoso color.

Así eran las cortinas en un principio (las lisas).

Así quedó la cortina que puse en primer lugar. Sobre ella hay un ejemplo de los colores que obtuvimos con el tinte de cáscara de cebolla en el taller de Lanar.

Así quedó la cortina que fue en la segunda tanda. Como se puede observar, el color que obtuve es bastante más claro, pero muy hermoso.

A pesar de que el teñido quedó parejo en general y los colores me gustaron, algunas cortinas estaban manchadas cerca del borde inferior con una sustancia que captó más color que el resto, o sea, quedaron manchadas. Podría haberlas dejado así, pero ya que estaba con ollas y tintes, decidí probar hacer una guarda con impresión botánica. Esta vez, solo metí en la olla la parte con la que hice el rollo.

Así que primero teñí y luego pasé a la impresión botánica. En la tercera cortina, solo hice impresión botánica, manteniendo su color original. El resultado fue este…

Además de las cortinas, aproveché para teñir algunas otras cosas que tenía por ahí, como este buzo que en un principio era de un color verde agua y estaba bastante desmerecido…

A su dueño le encantó el resultado

También aproveché para teñir este rectángulo de lana que tejió Kary en su taller. La idea era que luego se inspirara para hacer algún objeto con él. Si te da curiosidad saber cómo terminó, pinchá por acá.

Finalmente, decidí hacer una prueba con un trozo de liencillo y conseguí una linda chalina. El color que quedó, es el resultado del último baño que era una mezcla del tinte de cáscaras de cebollas con los diferentes materiales que usé para las impresiones botánicas. Me cuesta mucho dejar de poner cosas dentro de la olla mientras aún sale algún color 🙂

Llegó a su fin esta primer aventura tintórea. He de decir que las cortinas ya están en su casa y el dueño quedó muy contento. El buzo que había sido desahuciado, volvió a ser admitido con gusto en el ropero. El rectángulo de lana se convirtió en una cartera y la chalina me encantó y me ha resultado muy práctica. Seguiré juntando material y buscando telas que se merezcan rejuvenecer a través de la magia de los tintes naturales y la impresión botánica.

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